Sin Consideración

Category: , , , , , , By Golor Sadhalá

Y sí, anoche llegué y estaba sola. Le pregunté su apellido, como si la conociera de toda la vida; con toda la confianza que me saqué de no sé donde.
Quizás sería porque encontré a su marido en la puerta, reducido a una cerveza con otro idiota.
Espinoza, me dijo y pasé de largo asimilando el apellido como si no lo hubiera oído antes.

Al rato, después del baño, volví con ella. Seguía sola en la sala mirando tele, concentrada o talvez ocupada en no oír los ruidos de la calle; y su marido afuera.
Voy a poner agua, le dije con la tetera en mano y ya cuando me había quitado la casaca.
Se sorprendió, en realidad le estaba pidiendo permiso para poner agua a hervir; así que asintió: claro, normal.
Le pregunté si quería algo, que iba a por pan y huevo. No me contestó, realmente había ruido.
Al salir, el idiota me invita a tomar; toma que te hace bien decía hablando con esa patética voz de retrasado; pero yo no debía mostrar escrúpulos ¿ah sí? Pasó.
Y eso hice pasé, compré y volví a pasar entre los dos.
Cuando me servía mi café le pregunté si quería una taza ella también.
Y ya sentados a la mesa me preguntó lo que es obvio ¿porqué querías saber mi apellido?.
Sonreí mientras miraba mi taza y me echaba azúcar pues la persona que nos paga en la empresa también se llama Silvia, pero ella se apellida Medina. Así que cuando entré por poco y te digo Silvia Medina. Eso es todo.
La miré y me sonrió, compartimos cuatro panes, un solo huevo frito y miramos la tele juntos. Pero ya habíamos encontrado algo más.
Cuando empezó a llegar gente a la sala, era como si nos conociéramos de antes, como amigos. Fue muy ameno, y agradable todo el momento.
Me fui a la cama tranquilo y feliz; hace tiempo que no la trataba y es que ella no se dejaba, pero esa noche rompí el hielo. Lo rompimos juntos.

Hoy desperté temprano, y sabía las cosas que tenía que hacer… cómo no.
Pero eran menos de las ocho, y ¿quién quiere pararse de la cama un domingo a esa hora? Me cambié de lado, me giré y me volví a despertar… más de las nueve ya.
Un apremiante deseo de miccionar me llevó al baño, y de paso darme cuenta de la casa sola. Sólo yo, pensé. Subí, junté mi ropa y bajé a lavar.
Cuando ya estaba en eso, escuché un ruido en la cocina y era ella. Buenos días, saludamos, y conservaba la familiaridad de la noche anterior. Creo que será una buena amistad. Es un paso.
Y volvió a su cuarto, con su marido que estaba borracho. Dijo que hasta se había quedado dormido en la puerta de la casa que ni a abrirla alcanzó. Su madre le hubiera echado agua sin dudarlo, por borracho.

Que me dejes, no seas tosco. Dani, mira a tu papá.
Pero Danitza salió de la habitación con sus juguetes como el que traiciona, el que da la espalda al camarada.

No seas tosco, me haces doler.
Y de seguro la tocaba, al fin y al cabo es su mujer. Pero no sé porqué a mi me removía por dentro, como si fuera mío ese lamento; o como si el auxilio debiera venir de mi. Pero seguí lavando, contrariado entre escuchar o hacer ruido para no oír nada, y sobre todo eso pensar sin menguar el fregado; para que no se note que cavilaba.

Cierra la puerta le decía. Y de seguro nos sorprendió a los dos cuando dijo ocúpate de tu hija, tú cumple con ella nomás. Porque guardó culpable silencio  ¿acaso mandas mensajes bonitos a tus amigas? Yo los he visto en tu celular ¿te creías que no, verdad? eres un conchudo, mentiroso.
Vaya, yo mismo lo asimilaba lentamente; el chino me dijo una vez "yo tolero que le pongan los cachos a mi hermana porque ¿qué hombre no es infiel? Eso es normal (...)"
Y hasta estuve de acuerdo un poco en ese momento, pero ahora cobraba mayor valor; ahora sí estaba en total desacuerdo y no sólo eso. Estaba seguro de querer decirle a todos que aquel pensamiento era una mediocridad.


Seguí lavando, ensimismado y taponándome con el ruido las orejas; y el corazón.

Pero no pude; lo haré por obligación, Danitza ve a jugar. Y la niña salió del cuartito mientras ella cerró la puerta.

La gente volvió a llegar y la puerta estaba cerrada; y yo lavaba.
Y los niños jugaban, y un cuerpo se entregaba tras esa puerta de madera endeble… tan fácil de tirar.
La madre y la hermana, los nietos que jugaban… pasaban, saludaban, existían y un borracho se tiraba a una mujer que sin duda merece más. NO yo.

Y qué se yo, ¿lavar estaba bien?
Subí para cortarme las uñas, el enjuagado dejé para después. Volví a bajar y ya la puerta estaba abierta, él estaba lavándose sin polo y a ella no la vi, yo no miro dentro de la habitación aunque esté abierta. Él me saludó. Le contesté.

Cuando ya terminaba mi enjuague la escuché con una voz distinta; no sé si habría llorado. No sé si había tenido rabia o placer, o ninguno de los dos; o uno nuevo. La escuché, decía, llamando a la niña para cambiarla para salir.

Y así fue, se fueron al poco rato. Pero no sabía que ella también. Ya me había invadido el deseo de consolarla, de sacarle un poco de ese dolor charlando, pero se fue con él.

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Ese que te tiene sin consideración, al que le diste una hija y al que le das tu compañía; ¿lo amas?

Sólo quiero que me digas qué tienes en claro ¿quieres seguir a su lado? O ¿quieres dejarlo de una vez?

No es fácil contestar, supongo que la primera es más difícil, porque si te quedas no te quedás para lo mismo.

Y yo te deseo, te deseo lo mejor.


* El texto data del 13092009
* La imagen la tomé de http://www.lahaine.org/b2-img/mujer.JPG
 

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