Compañeros

Category: By Golor Sadhalá
Un centro de rehabilitación para drogadictos debería ser un lugar para que se recuperen los enfermos, pero esa recuperación anhelada es social.

Me pasó anoche:
Ya sabes, diez la entrada. Hasta diez y media. Le decía el encargado de la portería esa noche, cuando el hombre ya estaba afuera.
Un interno quería salir (internos se les denomina) y ya era de noche. En esto estaban cuando de adentro salió un muchachito más joven, que tenía pinta de malo con la cabeza rapada y ese polo blanco a rayas horizontales negras, un polo ancho para él.
No te vayas hermano, ya son las ocho. En la calle te vas a encontrar las tentaciones, pasa. Y le tendió la mano a travéz de la reja.
El que se iba se quedó. Pasó y le tomó la mano, le dio un abrazo y entró con él.




Me han dado una lección estos muchachos sin querer. Hay cosas que uno sabe que va a encontrar cuando va hacia algún lado. Uno de alguna manera conoce a donde va y qué hay ahí. Que no siempre es algo bueno, y sin embargo vamos. Supongo que todos tenemos cerca a algún amigo que nos tienda la mano. Pero a veces no.

Es como los chicos con la masturbación... ese placer moméntaneo se ve tan ridículo cuando tienes a una mujer de verdad, y a la que amas, para disfrutar del sexo para, mejor dicho, compartirlo.
Pero cómo se lo explicas, cómo le creas consciencia de aquello si nunca ha estado con una mujer y sus hormonas ebullen ya. Y sobre todo cómo lo haces hacerlo, sin imponerte.
(Ha sido sólo un ejemplo, talvéz me dirán que lo mejor sería hacer algo antes de que entre en ebullición. O que no está mal que lo hagan. O que no hay nada que hacer. Ha sido sólo un ejemplo.)

Pero hay más cosas en las que nos metemos a sabiendas de que no hallaremos bondad en eso, de que al terminar, salir, o dejar no seremos mejor de lo que entramos.

Cuán difícil se nos puede poner el decirle no al vicio, el decirle no a las cosas malas.

Cómo hacer para romper, para pasar a través de nuestra voluntad, seguir adelante sin esa mano ayuda.

No da este post solución, busca consejo.

De esos chicos aprendí qué bueno es poder contar con alguien, alguien incondicional que te de una mano.
Prefiero tener amigos, que irme a solas y perderme.
Si Dios existe, él nos da una mano... y aún si sientes que no te da la mano no hay que desmayar.
 

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